Esta historia es tan absurda que si no me hubiera pasado a mí, no me la creería.
En ese tiempo yo estaba haciendo una práctica en una oficina en el centro de Manizales y en las tardes tenía clases. O sea, mi rutina era: mañana en la oficina, tarde en la universidad. Y mi maletín era una cosa ridículamente pesada porque llevaba los cuadernos de las clases, el computador, el almuerzo, los cargadores y otras cositas que uno siempre mete ahí "por si acaso". Esa cosa pesaba como si cargara ladrillos.
La cosa es que justo por esos días estaban cambiando las alcantarillas de una calle del centro. Y cuando digo que la calle estaba abierta, no te estoy hablando de un huequito. No. Era un hueco de lado a lado, considerable, profundo. La calle completa destapada. Uno solo podía caminar por el andén porque lo demás estaba tapado por la construcción.Bueno, yo iba subiendo por ahí, precisa de tiempo como siempre. Llegué a la mitad de la calle y veo que empieza a bajar un señor. Venía muy agresivo, manoteando, insultando. No sé qué le estaba pasando pero se veía alterado.
Yo lo vi y pensé: "capaz y me lastima". Entonces me hice a un lado para darle espacio y que pudiera pasar tranquilo.
Fue inútil.
El señor paró, me agarró y me tiró al hueco.
La caída
Caí de espalda. Así tal cual. Pero no me aporríe tan feo porque tenía el maletín con el computador y los libros en la espalda, entonces eso como que amortiguó el golpe. El problema es que ese maletín estaba TAN pesado que quedé ahí tirada sin poderme parar.
Parecía tortuga atrapada.
Literal. Ahí bocaarriba, con las patas al aire, moviéndome pero sin poder voltearme ni pararme por el peso del maletín. Imaginate la escena. En un hueco de alcantarilla. En pleno centro de Manizales. A plena luz del día.
El rescate
Llegó gente a ayudarme a parar. Varios señores me dieron la mano y me sacaron del hueco. Pero obvio, yo creo que tuvo que verse muy chistoso porque se aguantaban la risita. Esas caras de "ay pobre, ¿estás bien?" pero con la boca temblando de la risa.
Justo al frente de donde caí había un parqueadero donde trabajaba un familiar de un amigo. Ese salió con trapo y todo a limpiarme porque mi súper outfit quedó destrozado. Mugre por todos lados. La ropa que me había puesto toda bonita para la oficina, arruinada.
La llegada a la oficina
Cuando llegué a la oficina toda lastimada, sucia, despeinada, medio comenté lo que me había pasado y mi jefe casi se cae de la risa. Me dijo que definitivamente a mí me suceden cosas muy extrañas. Que cuál era la posibilidad de que me pasara eso.
Y ¿sabes qué sentí? Me sentí como Betty la fea en el episodio donde llega tarde a trabajar porque se cayó. Igualita. Toda desastrosa llegando a la oficina como si nada.
Con la diferencia de que a Betty se le cayó sola. A mí me tiraron.
Lo que pensé mientras era tortuga
Mientras estaba ahí tirada en el hueco, sin poderme parar, con el maletín aplastándome, ¿sabes qué pensaba? No pensaba en si estaba lastimada. No pensaba en el computador. No pensaba en el señor que me tiró.
Pensaba: "Qué vergüenza, Señor bendito".
Eso. Eso era lo único que me pasaba por la cabeza. Estaba en el piso de un hueco de alcantarilla y mi mayor preocupación era la pena. Prioridades.
Y así fue como un señor random en el centro de Manizales me dio el trágame tierra más literal de mi vida. Porque la tierra literalmente me tragó.
Si tú también tienes un trágame tierra que te da risa y pena al mismo tiempo, cuéntamelo por acá. Yo ya confesé el mío. Te toca.

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