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Miedos cotidianos que dan más terror que una película de miedo

Empezó el mes más terrorífico del año y con él llegan las historias de terror. Pero no todo terror es paranormal. Existe lo que yo denomino como los miedos cotidianos. Y estoy segura de que tú tienes de esos.

No necesitas ver un fantasma para que se te acelere el corazón. A veces basta con abrir el correo del banco o escuchar una rata en la cocina. Estos son los míos.

Las deudas

Este es el miedo más real de todos. Porque no se va con la luz del día. No se va con rezos. No se va con nada. Las deudas están ahí, esperándote. Y lo peor es que se reproducen. Pagas una y aparecen dos más. Es como una película de terror pero sin créditos finales.

Las facturas de la casa

Hermana de las deudas. Ese momento en que llega el recibo de la luz y lo abres con miedo, como si fuera una carta de Hogwarts pero de las malas. ¿Por qué subió tanto si yo juro que apagué todo? Y el del agua. Y el del gas. Cada factura es un susto nuevo.

Las ratas

No. No puedo. No me hables de ratas. Yo puedo ver un fantasma y capaz le digo buenas noches, pero si veo una rata me paralizo. No es miedo, es pánico. Esas cosas corren, se meten por cualquier lado y aparecen cuando menos te lo esperas. Un fantasma al menos tiene la decencia de aparecer de noche. La rata te sale a las 2 de la tarde sin ningún respeto.

Que te dé chucha

O sea, olvidarte de ponerte desodorante. Sales de la casa normal, tranquila, como si nada. Y de repente estás en el trabajo o en la calle haciendo tus cosas y empiezas a oler feo. Y lo sabes. Tú lo sabes. Te sientes incómoda, no puedes levantar los brazos, caminas con los codos pegados al cuerpo como robot. Y lo peor es que no sabes si los demás también lo notaron o si solo eres tú con la paranoia. Terror silencioso.

Las agujas

A mí me pueden contar la historia de terror más espantosa del mundo y no me asusto. Pero dígame que me van a sacar sangre y ya estoy buscando la salida. No me importa si es un pinchacito. No me importa si "no duele nada". Duele. Duele desde que la veo. Duele desde que me siento en esa silla. Duele desde que agarro turno.

Que te coja la tarde para ir a trabajar

Ese momento en que miras el reloj y ya vas tarde. Y todavía no te has bañado. O peor, ya te bañaste pero no encuentras qué ponerte. O ya estás lista pero no aparecen las llaves. Todo se vuelve una carrera contra el tiempo: te vistes a las carreras, sales volando, llegas sudando y con el corazón a mil. Y lo primero que ves al llegar es la cara del jefe. Terror puro.

Equivocarse en el trabajo

Enviar un correo a quien no era. Borrar un archivo importante. Decir algo que no debías en una reunión. Ese segundo en que te das cuenta de que la embarraste y sientes cómo el alma se te sale del cuerpo. No hay fantasma que dé más miedo que un jefe diciendo "ven, necesito hablar contigo".


El verdadero terror

Las películas de terror se acaban. Los fantasmas puede que no existan. Pero las deudas sí. Las ratas sí. Las agujas sí. El verdadero terror es cotidiano y no tiene banda sonora.

Si tú también tienes un miedo cotidiano que te hace sufrir, cuéntamelo por acá. Apuesto a que nos dan miedo las mismas cosas.

Vanessa
Vanessa
Detrás de cada historia hay alguien que dice: a mí también me pasó.

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