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Anécdota graciosa del terremoto en Manizales contada por una lectora

Hace un tiempo publiqué un artículo con anécdotas del terremoto y les pedí que me mandaran las suyas. Pues nos llegó una más y no podía esperar para compartirla con ustedes.

Una lectora nos escribió por el formulario de contacto con una historia que me hizo llorar de la risa. Literal. Tuve que leerla tres veces. Se presentó como “Doña Tetas” y cuando lean la historia van a entender por qué.

Esta es su historia, en sus propias palabras. Yo solo le acomodé un poquito el formato para que se lea más fácil, pero la esencia es 100% de ella.


La historia de Doña Tetas

Yo entro al trabajo a las 7:30 de la mañana. Por lo general llego a las 7:20. Trabajo en el centro de Manizales, en una oficina que está ubicada en el piso del sótano. Para entrar a mi oficina tenía que pasar por todo un piso, bajar las escaleras, y mi puesto de trabajo quedaba en el último rincón.

Allá es muy normal que por lo bajito, al pasar las busetas, se sienta mover la oficina. Cuando llegué prendí música, puse a hacer el café y me senté a trabajar. Unos minutos después llegó mi jefa y nos pusimos a preparar la reunión de las 8.

Estando en el computador las dos, empezó a moverse todo. Súper normal. El problema fue cuando no paraba.

Pensamos que estaba pasando una buseta. La sorpresa fue cuando volteamos a mirar y ni buseta había.

¡¡¡Jueputa, está temblando!!!

Procedemos las dos a salir cual desquiciadas de ese sótano. El problema era que el fin de semana me había caído de la moto y estaba muy coja. Como pudimos, empezamos a correr. Veíamos cómo todo se nos caía encima.

Cuando logramos salir al primer piso, veíamos cómo todos salían corriendo. Mi jefa cada tres segundos volteaba a ver cómo yo trataba de correr, se devolvía a empujarme…

El problema es que, como ambas somos bastante voluptuosas, corriendo ¡se nos salieron las tetas a las dos!

Jajajajaja. Con tetas y todo en la mano, llegamos a la puerta. Que era de vidrio. Súper pesada. Pues la puerta estaba cerrada.

Con la misma mano que me estaba guardando la teta, las dos como pudimos abrimos esa puerta. Procedemos a salir y… toda la oficina afuera. Viendo cómo las dos jefas salían con las tetas afuera.

Ya nadie me volvió a ver con los mismos ojos en esa oficina. Jajajajaja.

Lo importante es que estamos bien. Coja y con las tetas afuera, pero estamos bien.


Gracias, Doña Tetas

En serio, gracias por mandarme esta joya. Me reí tanto que mi familia me preguntó qué me pasaba. Es exactamente el tipo de historia que le da vida a este blog.

Y esto va para todos: si tienen una anécdota así, un storytime, un trágame tierra o lo que sea, mándenlo por acá. Es completamente anónimo. Pueden inventarse un nombre como Doña Tetas o simplemente no poner nada. Lo que importa es la historia.

Y a los de la oficina en el centro de Manizales: si están leyendo esto, sí, sus jefas son unas guerreras. 

Vanessa
Vanessa
Detrás de cada historia hay alguien que dice: a mí también me pasó.

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