¿Cómo fue que pasé de confiar fácilmente en las personas a volverme alguien tan hermético? La respuesta es sencilla: hay gente muy dañada.
Si miro a la Vanna del pasado, ella tenía una cantidad de amigos increíble. Y siempre traté de ser la mejor amiga posible. Estar ahí, ayudar, escuchar, ser buena amiga en general. Pero el tiempo ha puesto en mi camino personas que fueron maestros y me enseñaron a elegir mejor las amistades. No solo eso, también me enseñaron que poner límites y ver red flags no es solo para relaciones románticas.
Seguro a ti también te ha pasado. Y espero que ahora estés rodeada de mejores personas.
Soy amiga cactus
Yo me considero una amiga cactus. Podemos dejar de estar cerca por mucho tiempo, pero cuando vuelvas te voy a recibir con los brazos abiertos. No necesito hablar todos los días ni vernos cada semana para saber que la amistad está ahí.
Pero hoy en día existen excepciones. Porque después de todo lo que he vivido, no quiero mantener en mi vida a cualquiera. Por aquí te dejo algunas de las señales que aprendí a reconocer.
Solo te buscan cuando necesitan algo
Desaparecen por meses y solo te saludan para pedir algo. No hay un “¿cómo estás?” antes. No hay un mensaje porque sí. Y cuando tú no puedes ayudarles, desaparecen otra vez como si no existieras.
A veces no lo notas de inmediato, sobre todo cuando la amistad empezó siendo cercana. Pero cuando te alejas un poco y revisas el historial de conversaciones, te das cuenta de que cada mensaje de esa persona empieza con una petición. Y eso duele. Porque tú no eres un servicio al cliente. Eres una persona.
Desaparece cuando tú necesitas apoyo
Pero eso sí, espera que tú estés disponible siempre. Cuando esa persona tiene un problema, tú tienes que estar ahí. Escuchando, aconsejando, consolando. Pero cuando tú necesitas lo mismo, no contesta. Está ocupada. Se le olvidó. O simplemente no aparece.
Y lo peor es que cuando vuelve a necesitarte actúa como si nada hubiera pasado.
Todo termina girando alrededor de esa persona
Tú empiezas a contar algo que te pasó y de repente la conversación ya no es sobre ti. Es sobre ella. Siempre es sobre ella. Le cuentas que te fue mal en el trabajo y te responde con algo peor que le pasó a ella. Le cuentas algo bonito y lo minimiza porque a ella le pasó algo “mejor”.
Nunca tienes espacio para ser la protagonista de tu propia historia.
No se alegra por tus logros
Esta duele calladita. Porque no siempre es obvia. A veces no es que te diga algo malo. Es que no dice nada. Le cuentas una buena noticia y la respuesta es seca, fría, o cambia de tema.
O peor: intenta minimizarlo. “Ah qué bien, pero ojo que eso no es tan difícil como parece.” “Qué bueno, yo también pude haber hecho eso.”
Una amiga de verdad celebra contigo sin peros.
Compite contigo constantemente
Tú compras algo y ella compra algo mejor. Tú logras algo y ella tiene que lograr algo más grande. La amistad se siente como una carrera que nadie organizó pero que esa persona está decidida a ganar.
Y tú ahí, sin saber que estabas compitiendo.
Te hace sentir culpable por poner límites
Dices que no a algo y de repente eres la mala persona. “¿Ah, o sea que ya no te importo?” “¿Ya cambiaste?” “Antes no eras así.”
Sí, antes no era así porque antes no me defendía. Poner límites no es ser mala amiga. Es quererse a una misma.
Cambia de personalidad según quién esté
A solas contigo es de una manera. En grupo es otra persona completamente diferente. Te deja en ridículo, te ignora o actúa como si no fueran tan cercanas. Y cuando le preguntas, te dice que estás exagerando.
Si alguien cambia su trato contigo dependiendo de la audiencia, eso no es amistad. Es actuación.
“Si fueras mi amiga de verdad...”
La frase más manipuladora que existe en una amistad. Si alguien necesita chantajearte para que hagas algo, no te quiere como amiga. Te quiere como herramienta.
Una amiga de verdad no te pone a prueba. No te condiciona. No usa la amistad como moneda de cambio.
Lo que aprendí
No todo el que llega a tu vida merece quedarse. Y cerrar puertas no te hace mala persona. Te hace una persona que ya aprendió dónde le duele.
Hoy tengo menos amistades. Pero las que tengo son de verdad. Y prefiero eso mil veces a tener cien personas que solo aparecen cuando necesitan algo.
Sí tengo storytime de estas personas, pero creo que merecen su propio artículo para contarte bien cómo viví esas cosas.
Si tú también has vivido alguna de estas red flags, o si tienes alguna que yo no mencioné, cuéntamela por acá. Seguro nos ha pasado lo mismo y no lo sabemos.
Comentarios
¿Tienes algo que agregar? Tu historia también cuenta. Déjala aquí abajo.